Internet por satélite para empresas: qué cambia frente al doméstico
IP pública, prioridad de tráfico, facturación a nombre de la empresa y soporte con interlocutor. Qué justifica la diferencia de precio y cuándo no la justifica.
La misma antena, la misma constelación y el mismo instalador pueden servirte un plan doméstico o uno de empresa. La diferencia no está en el hardware. Está en cuatro cosas que solo importan cuando la conexión sostiene una actividad que factura.
Lo que de verdad cambia
IP pública. Es la diferencia más operativa de todas. Con un plan doméstico estás detrás de un NAT compartido: puedes salir a internet, pero nadie puede entrar. Eso rompe el acceso remoto a un grabador de cámaras, a un servidor local, a una VPN entre sedes o a un equipo de telemetría al que el fabricante necesita conectarse para dar mantenimiento.
Hay rodeos —servicios de túnel de terceros, nubes intermedias— pero cada uno es una dependencia más y un punto de fallo más.
Prioridad de tráfico. El plan doméstico incluye un volumen mensual con prioridad relativamente pequeño. El de empresa, mucho mayor. Cuando la celda está cargada, ese orden es exactamente lo que separa una línea que trabaja de una que se arrastra a media mañana.
Facturación y fiscalidad. Factura a nombre de la empresa, con CIF, IVA desglosado y deducible. Suena a burocracia hasta que el asesor te dice que no puede meter esa factura.
Soporte con interlocutor. En consumo, el soporte es un formulario. En empresa, alguien con quien hablar y un plazo comprometido. Aquí conviene distinguir dos compromisos distintos que se mezclan a menudo, y lo desarrollamos abajo.
Lo que no cambia
Por honestidad, porque en esto se vende bastante humo:
- El terminal es el mismo en muchas configuraciones. Pagar más no te da mejor antena por sí solo.
- La latencia es la misma. 25–60 ms en órbita baja, con plan doméstico o de empresa.
- La cobertura es la misma. Si tu emplazamiento no ve cielo, el plan de empresa no lo arregla.
- El pico de velocidad no siempre es mayor. Lo que mejora es el comportamiento bajo carga, no el número del test de velocidad un domingo por la tarde.
Los dos compromisos que se confunden
Cuando alguien dice «tiene SLA», hay que preguntar de qué.
El del operador de satélite cubre la disponibilidad del servicio. Es un compromiso de red, y en la práctica no hay mucho que negociar: es el que es.
El de quien instala y mantiene cubre cuánto tarda alguien en presentarse si se rompe el terminal, el mástil o la configuración. Ese es el que de verdad determina cuántas horas estás parado, y es el que hay que exigir por escrito con un plazo concreto y un canal de aviso.
De los dos, el segundo es el que más veces falta y el que más caro sale. Está desarrollado en qué exigirle a quien te instala.
Cuándo el plan doméstico es suficiente
Sería más cómodo decir que toda empresa necesita plan de empresa. No es verdad:
- Nadie entra desde fuera. Sin cámaras remotas, sin servidor propio, sin VPN. Solo navegación, correo y alguna aplicación en la nube.
- Pocas personas y horario poco solapado. Cuatro o cinco usuarios que no coinciden en picos.
- Una parada no cuesta dinero. Si puedes estar dos horas sin conexión y no pierdes nada, no pagues por evitarlo.
- Zona con pocos usuarios conectados. Si nadie más comparte tu celda, la prioridad de tráfico te aporta poco.
Cuándo no lo es
- Hay cámaras, grabador o cualquier equipo accesible desde fuera.
- Hay VPN entre sedes o teletrabajo contra un servidor local.
- El TPV, el ERP o el terminal de radiofrecuencia dependen de la línea. Estas aplicaciones no toleran microcaídas: no es que vayan lentas, es que la sesión se cae.
- La actividad es de campaña. Tu peor mes de red coincide con tu mes de más trabajo.
- Necesitas la factura a nombre de la empresa. Por prosaico que suene, resuelve solo.
La cuenta
Igual que en todo lo demás de este sitio, la decisión no es técnica:
Diferencia anual de cuota frente a coste de las horas de parada que esperas evitar.
Si la diferencia anual son 1.200 euros y una hora parada te cuesta 400, con tres horas al año ya has empatado. Si una hora parada no te cuesta nada medible, la cuenta dice que no.
Hay una calculadora en la portada que hace la parte conservadora de ese cálculo. Y si lo que buscas es el desglose completo del desembolso, está en cuánto cuesta conectar una instalación aislada.
Cifras orientativas: las condiciones concretas de cada plan dependen del operador y cambian.
Preguntas frecuentes
¿Puedo usar un plan doméstico en mi empresa?
Técnicamente funciona y mucha gente lo hace. Los problemas aparecen en tres sitios: la factura no va a nombre de la empresa con los datos fiscales correctos, no hay IP pública para acceder a cámaras o servidores desde fuera, y el soporte es de consumo, sin interlocutor ni compromiso de plazo. Si la conexión sostiene la facturación, esos tres puntos acaban costando más que la diferencia de cuota.
¿Para qué necesito una IP pública?
Para que algo de dentro sea accesible desde fuera: un grabador de cámaras, un servidor, una VPN de sede a sede o un equipo de telemetría al que el fabricante tiene que entrar. Sin IP pública estás detrás de un NAT compartido y esas conexiones entrantes no llegan. Hay rodeos con servicios de terceros, pero son otra dependencia y otro punto de fallo.
¿La velocidad es mayor en los planes de empresa?
El pico no siempre, pero la prioridad sí, y en horas de congestión eso es lo que se nota. Un plan de empresa suele incluir un volumen de datos con prioridad mucho mayor, de modo que rindes igual el día 28 que el día 1. En una zona con pocos usuarios la diferencia puede ser pequeña; en una cargada, es la diferencia entre trabajar y no trabajar.
¿Qué SLA puedo esperar?
Conviene separar dos cosas que se confunden: el SLA del operador de satélite sobre el servicio, y el compromiso de quien te instala y te da soporte sobre el tiempo de intervención. El segundo es el que de verdad determina cuánto tardas en volver a estar en línea si se rompe algo, y es el que hay que exigir por escrito con un plazo concreto.
¿Merece la pena el sobrecoste?
Solo si la conexión sostiene actividad que factura. La cuenta es cuánto te cuesta una hora parada multiplicado por las horas que esperas evitar. Si el resultado no supera la diferencia anual de cuota, quédate con el plan doméstico y no te dejes vender lo demás.