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Cómo funciona el internet por satélite de órbita baja

Qué hay entre tu antena y la web que abres: la constelación, las estaciones de tierra y por qué la órbita cambia todo lo demás.

Si vas a gastarte varios miles de euros en un equipo, ayuda entender qué hace. Y de paso queda claro por qué algunas limitaciones no se arreglan pagando más.

Las cuatro piezas

El terminal. Un panel plano con una antena de agrupación en fase. No lleva motor: en lugar de girar físicamente hacia el satélite, cambia la fase de la señal en cientos de elementos para orientar el haz electrónicamente. Por eso puede seguir a un objetivo que se mueve rápido sin partes móviles.

La constelación. Miles de satélites a unos 550 kilómetros dando vueltas a la Tierra. Cada uno pasa por encima de ti unos minutos, así que hacen falta muchos para que siempre haya alguno disponible.

Las estaciones terrestres. Antenas grandes conectadas a la red troncal de internet. El tráfico baja del satélite a una de ellas y desde ahí sale a la red como cualquier otra conexión.

La red de tierra. A partir de la estación, todo funciona igual que en cualquier operador.

El viaje de un paquete

Abres una web. Lo que ocurre es esto:

  1. El router manda la petición al terminal por cable.
  2. El terminal la sube al satélite que tenga encima en ese momento.
  3. El satélite la baja a una estación terrestre. En constelaciones con enlaces ópticos entre satélites, antes puede saltar de uno a otro para llegar a una estación más conveniente.
  4. La estación la entrega a internet.
  5. La respuesta hace el camino inverso.

Todo eso, ida y vuelta, en 25–60 ms.

Por qué la órbita lo explica casi todo

Es el único dato que hay que retener para entender la diferencia entre el satélite de hoy y el de hace veinte años.

GeoestacionarioÓrbita baja
Altura36.000 km~550 km
Latencia ida y vuelta550–700 ms25–60 ms
Satélites para cubrirMuy pocosMiles
Posición vista desde tierraFijaEn movimiento constante
Conversación en directoIncómodaNatural

A 36.000 kilómetros, la señal tarda más de medio segundo en ir y volver aunque viaje a la velocidad de la luz. No es un problema de tecnología que se pueda mejorar: es la distancia.

Bajar a 550 kilómetros arregla la latencia, pero obliga a poner miles de satélites en movimiento y a que el terminal vaya cambiando de uno a otro continuamente. Ese es el intercambio.

Qué implica esto para tu instalación

Necesitas cielo, no orientación. No hay que apuntar a nada concreto porque el objetivo se mueve. Lo que hace falta es una franja de cielo libre de obstáculos. Un árbol, una nave alta o una ladera que tape parte de esa franja provoca microcortes cada vez que el enlace pasa por ahí, y no se compensa con más potencia. Se comprueba antes de comprar: lo explicamos en cómo saber si tienes cobertura.

El traspaso entre satélites no se nota. El terminal engancha el siguiente antes de soltar el anterior.

La capacidad es finita y compartida. Cada celda de cobertura reparte capacidad entre quienes están debajo. No se congestiona como una antena de móvil rural, pero tampoco es infinita, y de ahí salen los volúmenes de datos con prioridad que explicamos en la letra pequeña de los planes.

La meteorología afecta poco pero no cero. La lluvia muy intensa degrada el enlace unos minutos. La niebla no le hace nada. La nieve acumulada sobre el panel sí, y por eso los terminales de exterior llevan calefacción de deshielo, que consume.

Consume electricidad de forma continua. 50–75 W. Irrelevante con red eléctrica; determinante si tu instalación va con placas y baterías.

Lo que no cambia

El satélite resuelve el tramo que no tienes: el que va de tu instalación a la red. No arregla nada de lo que pase de tu router hacia dentro. Si el wifi de la nave no llega al fondo, si el cableado interno está mal o si el ERP va lento por el servidor, el satélite no lo toca.

Merece la pena decirlo porque es una fuente habitual de decepción: se contrata pensando que resuelve «que internet va mal» y resulta que la mitad del problema estaba dentro.

Cifras orientativas: altura, latencia y consumo varían según la constelación y el terminal concreto.

Preguntas frecuentes

¿Qué es el internet por satélite de órbita baja?

Es una conexión que sustituye el cable por un enlace de radio con satélites que orbitan a unos 550 kilómetros, en lugar de los 36.000 del satélite geoestacionario clásico. Esa diferencia de distancia es la que baja la latencia de más de medio segundo a 25–60 ms y convierte al satélite en algo utilizable para videollamada, VoIP y aplicaciones de gestión.

¿Necesito ver el satélite desde mi tejado?

No hay un satélite fijo al que apuntar: hay una constelación en movimiento y el terminal va cambiando de uno a otro sin que te enteres. Lo que sí necesitas es una franja de cielo despejada, sin árboles, naves altas ni laderas que la tapen. Un obstáculo que corte parte del cielo provoca microcortes cada vez que el enlace toca esa zona, y eso no se arregla con más potencia.

¿Qué pasa cuando un satélite se aleja?

El terminal engancha el siguiente antes de soltar el anterior. El traspaso es continuo y no se percibe en el uso normal. Es la razón por la que hacen falta miles de satélites para dar servicio continuo: cada uno pasa por encima de ti unos pocos minutos.

¿Por dónde sale mi tráfico a internet?

Por una estación terrestre conectada a la red troncal. Tu terminal habla con el satélite, el satélite baja el tráfico a esa estación y desde ahí sale a internet como cualquier otra conexión. En las constelaciones que tienen enlaces ópticos entre satélites, el tráfico puede saltar de uno a otro antes de bajar, lo que permite dar servicio lejos de cualquier estación.

¿Se puede saturar?

Sí. La capacidad de cada celda de cobertura es finita y se reparte entre quienes están conectados debajo. No se satura igual que una antena de móvil rural, pero tampoco es infinita, y es el motivo de que existan volúmenes de datos con prioridad. En zonas con muchos usuarios el rendimiento en horas punta es menor que en zonas despobladas.

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